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La operación recambio

La operación recambio
La operación recambio en la Jefatura del Estado se ha iniciado en estos meses de verano y de cara a la opinión pública, por unos cauces que parecen satisfacer a la Casa Real y sin que por el momento se aprecie en ellos nada que signifique un cambio de rumbo que justifique la abdicación precedente. Ello se ha debido, sobre todo, a dos circunstancias. La primera ha sido el perfil bajo adoptado por los nuevos reyes, si se exceptúa la exposición abusiva de las Infantas, y la segunda gracias a la cobertura empalagosa y servil que les ha proporcionado la mayoría de la prensa del corazón. En estos primeros meses se ha priorizado en el nuevo reinado lo superficial e intrascendente más que lo profundo y necesario.
La revista HOLA, no ha dejado de utilizar el tratamiento de soberanos para referirse a los nuevos reyes. Deben desconocer en la redacción, que según el artículo 1 de la Constitución el único soberano existente es el pueblo español y que aunque la forma política del Estado sea la monarquía parlamentaria, esa circunstancia no le otorga a su titular soberanía alguna. El efecto conseguido con el reiterado dislate de este semanario no ha sido nada favorable para Felipe VI.
El Rey para consolidar la Corona no necesita usurpar las atribuciones que constitucionalmente tiene los ciudadanos, pues hacerlo le convierte en un usurpador. Por ello lo más grave de este asunto ha sido el silencio de Palacio, ya que a buen entendedor: el que calla otorga. No es bueno que un periodista dedicado a informar de la familia real viva al margen de la legalidad vigente; mucho más grave es que el Jefe de la Casa Real permita el errático desafuero y mucho peor que los reyes disfruten con sus hijas leyendo los reportajes en los que se les tilda de soberanos, sin serlo. Pésima educación para unas niñas a las que se les desinforma desde su infancia de los límites institucionales de sus padres y por lo tanto de los que ellas podrían tener en el futuro.
El comienzo del nuevo reinado vino a coincidir con la renovación al frente del CNI del general Sanz Roldán, quien según la propia normativa interna debía cesar por haber cumplido el tiempo máximo, cinco años, al frente de este organismo. No fue esto lo más sorprendente, ya se sabe que en España las normativas se escriben pensando en los de abajo, sino cuales serían los objetivos prioritarios para el Centro de Inteligencia en esta nueva etapa. Eran dos: la consolidación del trono y la lucha contra el blanqueo de capitales.
Para la Inteligencia del Estado, según esta declaración, es más importante la consolidación en el trono de Felipe VI que el fortalecimiento constitucional y del Estado de Derecho. Es un error de concepto inaceptable por ser opuesto al interés nacional. Si por el contrario el CNI estuviera orientado hacia el fortalecimiento de la Constitución, el Rey quedaría afirmado desde el momento que España fuera un Estado de Derecho, pues la Jefatura del Estado emana de la Carta Magna y no al revés. Priorizar al trono por delante de la Constitución es convertir a esta en una Carta Otorgada y eludir el mayor problema: la corrupción. Que es la causa del debilitamiento de la monarquía y de nuestro sistema de libertades.
La aceptación explícita por el director del CNI de la necesidad que tiene el trono en ser consolidado, en un ejercicio de sinceridad innecesario, delata algo que es evidente para toda la nación; el fracaso que ha supuesto el primer reinado de la monarquía instaurada por el general Franco. Pero además constata que para el Poder el interés de la familia real es prioritario en el régimen político español. Lo cual no esta en concordancia con el respeto a la soberanía nacional que debe tener cualquier monarquía parlamentaria.
La lucha contra el blanqueo de capitales está muy bien de cara a la propaganda, pero la lucha eficaz corresponde al Gobierno y a su influencia en Bruselas y ante los países concernidos. En el ámbito de la Inteligencia solo puede actuarse contra pequeños evasores, lo cual no sirve para resolver el problema político. Al CNI parece que no le preocupa el desprestigio internacional de España gracias a los manejos de la Corona y de la casta política y sindical, cuyo objetivo ha sido enriquecerse con el dinero público y utilizando la división regional como herramienta necesaria para romper la solidaridad nacional.
La operación de recambio contempla también el relanzamiento institucional de Juan Carlos I, ocuparle en algo similar a lo que realizaba Felipe VI, antes de subir al trono. En definitiva, convertir la abdicación en una especie de degradación institucional, lo cual es esperpéntico pero muy coherente con los tiempos que corren. Pero que también desvela las verdaderas intenciones del nuevo monarca, similares a las del príncipe Fabricio Salina. Personaje central de la novela «el Gatopardo» de Giuseppe Tomasi, príncipe de Lampedusa y duque de Palma, que curiosa coincidencia.
En resumen se intenta dar continuidad, sin asumir las responsabilidades materiales y éticas, como si aquí no hubiera pasado nada. Pero eso sí aforando deprisa y corriendo.
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    Acerca de Diego Camacho

    Coronel de Infantería, diplomado en Operaciones Especiales. Licenciado en Políticas y profesor de Relaciones Internacionales.

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    Un comentario

    1. Juan Martin

      Un artículo certero y muy bien explicado, como era de esperar del autor. Y por si este me leyera aquí, aprovecho para enviarte un fuerte abrazo y expresarte mi más sincera admiración por tus cantidades industriales de valentía, integridad, y por ser el gran comunicador que considero que eres, tan correcto, pausado y accesible a cualquiera. Y no lo digo de forma gratuíta o por ser lo primero que se me ocurra, es que me hize una colección de audios de «El Vórtice» y alguno de «Entre líneas», y junto con conferencias, charlas, entrevistas y demás tanto tuyas como de otras personas (aunque no me suelen resultar tan interesantes e ilustrativas), las suelo ir escuchando con auriculares y tal. Lógicamente no me ha sido posible contrastar muchas de las cosas que explicas, pero si una gran parte y a fecha de hoy apostaría fuerte por tí o lo que hiciera falta. Y menos mal que hay alguien tan capaz para hacer lo que haces. Sinceramente, creo que todos los que nos interesamos con cierta intensidad en arrimarnos a La Verdad en la medida de lo posible en este país (o lo que va quedando de este), estamos en deuda contigo, qué duda cabe. Y por descontado con Mitoa, obviamente y con muchas otras personas verdaderamente preocupadas por el futuro de todos. Hace ya algunos años, en un estado nuevo de estupor y acojonamiento, empecé a comprender que vivía inmerso en una inmensa mentira, administrada cuidadosamente al grueso de la población por cortesía de unos retorcidos y falaces medios de poderes hipnóticos, principalmente. Y me dió una sensación tan extraña y repulsiva que no he vuelto a ver la p televisión. Y gracias a la gente como vosotros encuentro algo de alivio en mi doloroso y amargo despertar. Con lo cual, mucho ánimo, pero cuidándote mucho, y muchas gracias por todo. Un fuerte abrazo.