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Los retos para Asia Central en 2015

Los retos para Asia Central en 2015
Definimos el espacio de Asia Central al conjunto formado por cinco repúblicas exsoviéticas: Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Algunos autores excluyen a alguno de estos países, otros incorporan otros territorios de China o a la República de Azerbaiyán. Nosotros nos centraremos aquí en estas cinco repúblicas.
1. El legado histórico.Hecha esta aclaración y delimitación geográfica, tenemos que decir que aunque estos países nacen como Estados en 1991, poseen una Historia riquísima muy anterior a tal fecha. Los pueblos nómadas que habitaban estas estepas y montañas, fueron conquistados por Alejandro Magno –entre otros conquistadores— y en el año 751 en la batalla de Talas el califato Abasida le arrebató estos territorios a la dinastía china Tang. A partir de ese momento los mongoles que habitaban estas tierras experimentaron un proceso de islamización y trataron de acoger en sus tradiciones nómadas la lengua turca, salvo en lo que hoy es Tayikistán, donde se impuso el farsí.
Sin embargo, sería la presencia rusa la que más impactó en la zona, especialmente tras la caída de Taskent en los años 60 del siglo XIX. Tras el triunfo de la revolución bolchevique, aquellos pueblos pensaron que serían independientes, pero el sueño les duró apenas unos años, pues pronto se vieron obligados a integrarse en la Unión Soviética hasta 1991.
Uno de los legados, de las huellas, más importantes que Moscú dejó en Asia Central fue su cultura política. A lo largo de 70 años el nacionalismo fue marginado –considerado producto del liberalismo burgués del s. XIX— y se fomentó el internacionalismo, la solidaridad internacional, expresado más concretamente en el amor por la Unión –por la URSS— y por la causa comunista en cualquier parte del globo donde estuviera en peligro o donde pudiera desarrollarse. Este internacionalismo artificial saltó por los aires bajo el mandato de Gorbachov, años en los que hubo más de un enfrentamiento interétnico serio, con algunas repercusiones en Asia Central, como fueron los disturbios de Dusambé en febrero de 1990.
No es difícil encontrar, incluso en pueblos remotos, algún monumento que haga referencia a los caídos en las guerras patrias, sea en la Gran Guerra Patriótica (así es como se conoce a la segunda Guerra Mundial en el frente soviético) o la guerra de Afganistán (1979-89). Son, en el fondo, muestras de amor a la Madre Patria Rusia.
Hoy en día también es habitual encontrar en estos paísesmuseos de la represión política ejercida principalmente por Stalin, en especial en lo que se refiere a las grandes purgas de los años treinta y a las deportaciones masivas que llenaron estos países de personas provenientes de los lugares más variopintos; Corea, Alemania, Polonia, Bulgaria, Rumania, Georgia, Armenia, Azerbaiyán, Mongolia, China, etc., con la simple acusación de sospechar que fueran espías. Un ejemplo de esto fue el gulag de Karaganda, donde estuvieron al menos 152 españoles.Lo curioso de este campo de trabajo es que los españoles pertenecían a los dos bandos que participaron en la guerra civil, eran o bien republicanos comunistas o bien miembros de la División Azul, y Stalin los deportó allí.
Gorbachov propuso en sintonía con sus políticas de restructuración: perestroika (económica) y de transparencia política (glasnost), el referéndum del 17 de marzo de 1991, en el que preguntó a la población de la URSS si deseaban que se mantuviera la Unión, pero dando igualdad de derechos a todas las repúblicas y observando los derechos fundamentales. De las 15 repúblicas, 6 boicotearon la consulta, pero la abrumadora mayoría de las restantes votaron a favor (76,4%) y sólo el 21% lo hizo en contra. A finales de aquel año, Gorbachov dimitió como presidente de algo que de facto ya no existía. Uno de los mayores problemas a los que tuvo que hacer frente el nuevo gobierno –y toda la comunidad internacional— fue ver qué se hacía con el arsenal nuclear soviético, que ahora estaba en manos de cuatro repúblicas soberanas diferentes; Rusia –que poseía 82% del arsenal—, Ucrania (14%), Kazajstán (4%) y Bielorrusia (0,23%).
Las nuevas repúblicas asiáticas tuvieron que gestionar sus relaciones exteriores y optar por un nuevo modelo de relaciones Estado-religiones, en lugares donde tradicionalmente el islam suní ha sido la religión predominante. Cada país reaccionó de manera distinta, como en casi todos los campos; Turkmenistán adoptó una mezcla entre el islam, las tradiciones y el culto al líder –Saparmurat Niyazov—, Tayikistán se vio pronto envuelta en una guerra civil, en el que una de las partes en conflicto era el Partido del Renacimiento Islámico, y en los otros tres países –Kazajstán, Kirguistán y Uzbekistán— se optó claramente por un modelo de convivencia pacífica entre las distintas etnias y religiones, surgiendo en el tiempo diversos conflictos y disputas.
2. Desafíos geopolíticos.¿Cuáles son los principales desafíos a los que Asia Central tiene que hacer frente este año 2015? Señalaremos algunos que son específicos de este año y otros que en realidad son parte de un proceso más largo. Desde mi punto de vista, los desafíos más importantes para este año son cuatro; en primer lugar, el desarrollo del yihadismo en la región, que se ha visto afectada desde la «retirada» de las tropas OTAN de Afganistán; en segundo lugar, el papel de las ambiciones rusas y, en alguna medida, también de las chinas; en tercer lugar, la modernización económica y la lucha contra la crisis económica mundial y, por último, los procesos electorales, entendidos éstos dentro del proceso de democratización. Este último aspecto es el más peliagudo y el más difícil de entender. Otros problemas a los que tendrá que hacer frente la región son los posibles conflictos interétnicos, el control de los tráficos ilícitos internacionales, la corrupción, los nexos entre agua y energía y el programa nuclear de Irán.
Todo ello sin olvidar que hay distintos actores internacionales que aspiran a jugar un papel importante en la zona por motivos muy diversos, ya sean de seguridad, económicos, energéticos o culturales. Así, al hablar de Rusia, se puede decir que parece que su proyecto estrella –la Unión Euroasiática— si bien está por un lado perdiendo fuerza, toda vez que uno de sus principales socios –Kazajstán— mira cada vez con más recelo dicho proyecto que, irremediablemente, desembocará en una especie de unión política a imagen y modelo de la Unión Europea, que comenzó siendo una Mercado Común sin aduanas y se va encaminado hacia un ente supranacional; pero por otro lado, parece que Rusia está teniendo éxito a la hora de demostrar, o aparentar fortaleza, consiguiendo que otros países como Kirguistán, se conviertan en nuevos miembros de esta Unión. Sin lugar a dudas, es China quien está tomando el relevo de Rusia en esta zona y ya le aventaja en lo que se refiere al incremento de volumen de negocio entre ambas zonas, aunque Rusia sigue siendo el primer país de referencia, tanto para empresas como para individuos que buscan trabajo fuera de su país. Además, casi sin hacer mucho ruido, la República Popular de China se va abriendo paso como líder mundial, adelantando al propio EE.UU. La India también desea ampliar sus áreas de negocio en Asia Central, aprovechando que es una potencia tecnológica emergente. El caso de Irán y Turquía es distinto, pues tradicionalmente son eternos rivales aspirantes a líderes de Oriente Próximo, y en la zona sus antepasados dejaron huellas en su lengua y en su cultura, de manera que están intentando aprovechar dicho legado para realizar inversiones y para influir políticamente allí.
El caso estadounidense es algo distinto, pues los Estados Unidos están muy interesados en las cuestiones de seguridad (léase, Irán, Afganistán y Pakistán), y en asegurar el suministro energético. Por otro lado, se podría decir que la gran ausente es la UE, que en efecto ha mantenido durante largo tiempo a un Alto Representante para la zona, al que ha cambiado ya tres veces en los últimos años, lo que podría reflejar falta de interés, o de liderazgo, o de capacidad de hacerse un hueco en dicho esapcio, o bien, de todo un poco a la vez. No obstante, algunos países de la UE, como Alemania, Reino Unido, Francia o Italia, mantienen profundas y fructíferas relaciones con los países de la región. Algunos países asiáticos han buscado en esta zona un objetivo político más que económico, al pretender librarse de la pinza china. Por último, cabe destacar que además de actuar de frente o bilateralmente entre estos países, algunas de las potencias mencionadas anteriormente, recurren a subterfugios como algunas organizaciones internacionales que, en realidad, sirven para que Rusia tenga controlados a estos países en el seno de la CEI (Comunidad de Estados Independientes) o de la OTSC (Organización del Tratado de la seguridad Colectiva), o para que China se haga cada vez más presente a través de la OCS (Organización de Cooperación de Shanghái.
2.1. Yihadismo y Afganistán.Hace algunos años el anuncio de la retirada de las tropas de la ISAF (Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad), disparó todas las alarmas en los países vecinos, de manera que casi por aclamación popular, la ISAF no ha desaparecido del todo sino que se ha reducido y trasformado desde el 1 de enero de 2015 en la Resolute Support Mission in Afghanistan.
Sin lugar a dudas, este es uno de los mayores desafíos de la región en su conjunto, no de uno o dos países, sino de todos. El trasiego de cierto número de muyahidines entre el Cáucaso sur y el territorio afgano-pakistaní ha venido siendo algo lamentablemente conocido y habitual.
A esto hay que añadirle que en los poco más de 20 años de independencia, el yihadismo ha afectado en diversos grados a cada país. De menor a mayor gravedad estas décadas podrían resumirse así: Turkmenistán apenas se ha visto afectado , al igual que Kazajstán, que sólo sufrió atentados yihadistas por parte de Jund Al Khilafah en 2011; Kirguistán, ha visto como por su frontera sur penetraban yihadistas, cuyo destino final era atentar en Uzbekistán, donde hubo atentados en 1999 y 2004 perpetrados por el Movimiento Islámico de Uzbekistán (MIU), del que luego hablaremos; por último, Tayikistán, que se vio envuelta en una guerra civil con una parte de islamistas, además de recibir todo el influjo de su porosa frontera con Afganistán.
La historia del MIU, el grupo fundado por Tahir Yuldashev y Juma Namangani en el valle de Fergana, es muy elocuente y de ella se puede extraer el patrón común de la amenaza yihadista en Asia Central. Estas naciones lucharon como pudieron contra tal amenaza, siendo muy críticados en Occidente por cuestiones como la falta de respeto a los derechos humanos etc. Sin embargo, los atentados del 11-S supusieron un punto de inflexión en lo que se refiere al apoyo internacional, de manera que los insistentes bombardeos en el norte de Afganistán dieron al traste con el grupo terrorista MIU. Namangani fue asesinado y Yuldashev huyó a Waziristán del Norte con un pequeño grupo. Allí sufrió una escisión y se creó la Unión de la Yihad Islámica (IJU). Yuldashev fue asesinado por un drone americano en 2009, la misma suerte que corrió su sucesor, Usman Odil, en 2012. Su sucesor, Usman Gazi, comenzó a flirtear con el Estado Islámico (EI) en 2014, hasta que en 2015 prestó obediencia formalmente al nuevo grupo pujante . Lo que no es de extrañar, sobre todo si se tiene en cuenta que de unos 2.000 muyahidines con los que contaba antes de 2001, se habían reducido a unas pocas decenas, pasando a realizar meras labores de guardaespaldas de otros yihadistas desde la muerte de Namangani.
La razón del auge del yihadismo en Asia Central hay que buscarla principalmente en el éxito de este grupo que viene a reemplazar como mascarón de proa de todo el yihadismo a la ya conocida Al Qaeda, que desde la retirada de Bin Laden busca recomponerse y pretende recuperar su primera posición en el ránking de combatientes de la yihad global contra Occidente. Pero también hay que entender que si entre los países centroasiáticos surgen personas que apoyan al EI es porque también se están dando las circunstancias para el auge del islamismo, estos es, la manipulación de la religión islámica para fines políticos y los procesos de radicalización. Este tipo de procesos son extraños en Asia Central y son ajenos a su cultura, y ello por dos motivos principales: en primer lugar porque tradicionalmente estos pueblos nómadas se han zafado de cualquier rigorismo religioso, han preferido mantener su libertad de movimiento y de pensamiento, y han vivido la religión integrando los elementos que ellos deseaban sin demasiados escrúpulos, y en segundo lugar, porque después de 70 años de ateísmo impuesto sus legislaciones parten del presupuesto de la separación entre religión y estado y socialmente viven «etsi Deus non daretur» (como si Dios no existiese). Esto no ha obstado para que algunas personas después de décadas sin libertad religiosa, hayan vuelto con mayor énfasis a sus raíces culturales y religiosas buscando una identidad más profunda que la del actual hombre global.
Si en las filas del EI ha llegado a haber casi 4.000 combatientes centroasiáticos es porque este nuevo grupo tiene un gran poder de atracción por sus indudables éxitos, por sus campañas de propaganda, porque pueden ofrecer entrenamiento in situ en escenario de guerra, y porque en sus países de origen no han encontrado un aliciente que satisfaga sus aspiraciones de luchar por el Islam y no han encontrado a nadie que les quite tal idea de la cabeza. Así pues, observamos por un lado desarraigo y angustia vital y, por otro, promesas de ser admirado por llevar a cabo una altísima misión. Según algunos estudios, la mayoría de los combatientes centroasiáticos provienen de Uzbekistán, el país más poblado de Asia Central, y los que provienen de otros países son étnicamente uzbekos.
Según las cifras que aportó a comienzos de 2015 el International Centre for the study of Radicalzation and Political Violence (ICSR), se han integrado en el EI 250 kazajos, 100 kirguises, 190 tayikos, 360 turkmenos y 500 uzbekos.
Obviamente lo que más temen los gobiernos centroasiáticos no es que mueran en operaciones de combate en Siria e Irak sino que vuelvan a casa convertidos en expertos profesionales del terror o como héroes o mártires, que puedan suscitar admiración e imitación en sus entornos familiares o en sus lugares de origen.
2.2. Las ambiciones rusas y chinas.El segundo reto lo constituiría lo que se percibe desde aquí como «el despertar del oso ruso». Después de dos décadas de hibernación, parece que Putin está buscando devolver a Rusia su lugar en el mundo, el que le pertenece por pleno derecho. Lo que no se sabe es si es pura pose militar, porque detrás no hay datos económicos o sociales que respalden la grandeza rusa, o si realmente las campañas militares rusas son una demostración del poderío-muestra de lo que existe.
Sea como fuere, el mantenimiento de «conflictos congelados» y sus intervenciones militares en Chechenia y también fuera de sus fronteras (Osetia del Sur (2008) y Ucrania (2014), son contempladas como una amenaza en Asia Central. La principal razón es que en estos países también hay minorías étnicas de origen ruso. Pero, ¿qué es un ruso? ¿Cómo se define? ¿Alguien con pasaporte ruso, o que habla ruso, o que es ortodoxo,…? ¿O alguien que se define a sí mismo como tal? En Kazajstán se estima que hay un 24% de rusos, en Kirguistán un 6,5%, en Tayikistán un 0,5%, en Turkmenistán un 6,7% y en Uzbekistán 8,5%.
Además, Rusia se ha hecho en los últimos años más fuerte e influyente en esta zona, no sólo a través de acuerdos bilaterales, sino a través de organizaciones internacionales como la CEI, la OTSC o la Unión Eurasiática, aunque no todos estos países están en todas estas iniciativas regionales de seguridad.
¿Desea Rusia reconstruir la Unión Soviética?, ¿puede hacerlo?, ¿estarían los países centroasiáticos dispuestos a integrarse en un proyecto político capitaneado por Moscú?Y sin embargo, Rusia no es la única potencia que codicia estar más presente en Asia Central. En la última década China ha hecho una serie de movimientos de inversión económica, en infraestructuras y, sobre todo, en el ámbito de la energía, que la han convertido en aliado estratégico imprescindible para estos países. De hecho, se está dando un trasvase energético, de manera que el gas y el petróleo centroasiáticos van siendo reorientados poco a poco de Rusia hacia China.
2.3. La modernización económica.Otro de los grandes retos que desde la independencia tienen estos países es la modernización económica. Salirse de un sistema sobreproteccionista, excesivamente dependiente del Estado, hacia un modelo más dinámico pero más inestable. Además de este escollo estatalista, está la cuestión del bazar, que es un tipo de mercadillo que parece poco higiénico, poco aseado, que a simple vista parece que no cumple ninguna normativa europea.
Por otro lado, el desarrollo económico ha seguido un reparto muy desigual. El país más rico es Kazajstán, cuyo PIB cuadruplica al siguiente en la lista, Uzbekistán, y 30 veces más que el último –Kirguistán—. Además, dentro de cada país, parece bastante evidente que falta una clase media, pues la clase poderosa es muy reducida mientras que la inmensa mayoría de la población sobrevive con unos 600 € al mes en el caso de Kazajstán, o unos 200 € en Uzbekistán. La situación en algunos de estos países, principalmente Tayikistán, es tan dura que tienen que emigrar a Rusia para sobrevivir y donde les reservan los peores trabajos.
Los tres países que tienen ricas fuentes de hidrocarburos –Kazajstán, Turkmenistán y Uzbekistán— se ven tentados de poner todos los huevos en la misma cesta y ser así pasto de lo que se conoce en economía como «mal holandés». De ahí la llamada a diversificar la economía y la producción y las fuertes inversiones en infraestructuras, sea con capital público, con inversiones público-privadas (Talgo) o mediante consorcios internacionales como TRACECA (International Transport Corridor Europe-Caucasus-Asia).
La Expo 2017 que se celebrará en Astaná, será sin duda un momento único en el que poder darse a conocer, abrirse al mundo y compartir experiencias en torno a la cuestión de las energías renovables.
Por último, el proyecto de la Unión Aduanera parece que no ha traído los frutos esperados para los socios kazajos, pues el hecho de levantar las barreras aduaneras entre Rusia y Kazajstán ha beneficiado más a los exportadores rusos que a los kazajos.
2.4. Los procesos de democratización.Llegamos así al punto más peliagudo, el de los procesos de democratización. En este aspecto el punto principal gira atendiendo al entorno en el que están enclavados estos cinco países rodeados por Rusia, China, Pakistán, Afganistán e Irán, y la cuestión a dilucidar es o más libertad o más seguridad. Algunos autores opinan que ambos elementos son perfectamente compatibles, pero bajo mi punto de vista creo que si bien existe un cierto grado de compatibilidad, no excluye que en ocasiones donde crece uno el otro ve comprometida su existencia; de ahí que la Declaración Universal de los Derechos Humanos afirme en su artículo tres que: «Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona». Para garantizar una vida en libertad es necesario dotarse de instrumentos de seguridad que, en ocasiones, harán que merme nuestra libertad. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a pagar? Aunque es cierto que no es un dilema tan dramático, debemos ser conscientes de que no existen ni la seguridad plena ni la libertad plena y que, además, el equilibrio entre ambos polos –seguridad-libertad— varía constantemente casi sin darnos cuenta. Lo mismo podríamos decir en esta área acerca del binomio democracia-estabilidad.
De acuerdo con el dictamen de algunas ONGs y agencias internacionales, como Freedom House, el ránking de calidad democrática en 2014 era Kirguistán, Kazajstán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán. Puede que constitucionalmente Kirguistán sea envidiable o simplemente que es el único país que ha sido capaz de restarle poderes al jefe del Estado y dárselos al Parlamento. Pero veremos si se consolida, si se trata de un experimento y si es eficaz y a qué se debe. En este país, los clanes tienen muchísimo poder, como se vio entre 2005 y 2012. Por otro lado, Kazajstán ha experimentado un crecimiento económico espectacular, aunque es cierto que sus pasos por la senda de las mejoras democráticas no han ido acompasados en el sentido de que no ha habido una preocupación generalizada por los temas políticos. Los ciudadanos kazajos están muy interesados en los temas sociales; paro, devaluación de la moneda, violencia doméstica, emigración, y mucho menos involucrados en la política, de manera que no es nada raro entender que la afiliación a los partidos resulta poco atractiva, y que luego tenga poco impacto en las elecciones, ya que se vota abrumadoramente por la opción gubernamental, al igual que en Uzbekistán. En Tayikistán sí que se vive la política más a flor de piel, más bien debido a la guerra civil en la que se vio envuelta la nación hace 20 años. Su atraso económico es reflejo de que el equilibrio de poder entre las distintas facciones, moderado por el presidente Rakhmón, ha tocado a su fin, y la salida del Partido del Renacimiento Islámico del Parlamento en las últimas elecciones no augura nada bueno. Turkmenistán es una dictadura hereditaria muy similar a Corea del Norte, aunque sin ínfulas de superpotencia nuclear, más bien al contrario, mantiene desde la independencia una posición de absoluta neutralidad; el recambio en la Jefatura de Estado en 2007 no ha supuesto un viraje radical en la política de Niyazov.
Por último tenemos a Uzbekistán, supuestamente de peor calidad democrática que Turkmenistán. En este punto parece pertinente hablar de un tema fundamental en cualquier sistema en el que se ejerza el liderazgo, sea en política, en el mundo empresarial o incluso en el religioso. Este tipo de procesos siempre genera expectación, y en ocasiones inquietud o incluso preocupación o ansiedad. Por mucho que el proceso sucesorio esté claro e incluso se conozca el nombre del sucesor, un nuevo Jefe de Estado, de gobierno, del Consejo de Dirección, de la Iglesia Copta, de la Iglesia Católica,… es en sí mismo una incógnita. A todo esto, se añade en Asia Central el hecho de que el relevo hasta ahora sólo se ha dado de dos maneras: o siguiendo una revolución de colores (Kirguistán (2005 y 2010) o por muerte natural (Turkmenistán (2006). En Kirguistán también se ha dado un relevo democrático con la salida de Roza Otumbayeva y la llegada de Atambayev, pero aún no sabemos cómo será su propio relevo en 2017. En ninguno de los otros tres ha habido relevo desde los días de la independencia y en ninguno se vislumbra cómo podrá ser. De Tayikistán apenas se dice nada porque su líder aún es relativamente joven (1952), y se da por supuesto que seguirá en el poder hasta que muera.
Casos distintos son Kazajstán y Uzbekistán, con los mismos líderes desde 1989 y ambos superando los 75 años. En ninguno de estos dos casos se discute su capacidad de liderazgo. Mi experiencia sobre el terreno es que la población les apoya abrumadoramente; sólo se aventuran a decir que se debería estar preparando ya a alguien o a varios posibles sucesores, para que en un futuro no muy lejano puedan sustituir a figuras tan impresionantes como Nazarbayev o Karimov, que han hecho pasar a sus respectivos países de la miseria soviética a un buen nivel económico y social.
Se suele poner en cuestión si las elecciones aquí son realmente democráticas y si cumplen los estándares mínimos exigibles. Votar es votar en cualquier parte del mundo, pero en cada país la democracia y las elecciones se desarrollan de manera muy distinta. Dentro de la propia Europa la diversidad es tan grande como el número de países. Lo que sí se busca es homogeneizar dichos procesos y mejorar la calidad de los mismos para hacer a los gobernantes cada vez más responsables ante la ciudadanía, lo que se llama accountability, rendir cuentas.
De ahí que se deba desarrollar lo que se conoce como»sociedad civil», sobre la que se informa a través de los medios de comunicación social, que no son hermanitas de la caridad, precisamente, ni una ONG, sino un negocio. También se nutre de asociaciones creadas desde la base social, no desde el poder político. Y entre esas asociaciones puede haber asaciones culturales, ONGs, sindicatos o partidos. Donde está esto más desarrollado es precisamente en Kazajstán y Uzbekistán, pero aun así es muy incipiente, de manera que la capilaridad de estas asociaciones está muy poco extendida entre la población, se ve muy limitada a ciertas zonas y ámbitos, de manera que, por ejemplo, los partidos políticos, representan más bien poco los intereses de la ciudadanía y sirven más bien para articular repartos de poder entre distintas personas, sin prejuzgar que se dediquen a luchar en el Parlamento por el bien común. En dichos países, y por diversas razones, no tienen una fractura ideológica como tenemos en Europa (izquierda-derecha) o (socialdemócratas-comunistas vs. liberales). Tampoco es posible hablar de una auténtica oposición pues nadie cuestiona la labor de los presidentes.
Para acabar este punto, hay que subrayar el temor que existe dentro de estos sistemas políticos a las injerencias externas. De manera que se identifica claramente al partido financiado por Moscú, a la ONG financiada por EE.UU., a la asociación religiosa financiada por Irán, etc.
3. La visión de las ONGsLas ONGs junto a otras organizaciones juegan un papel destacable en la imagen y percepción que tenemos en Europa, particularmente en España, acerca de la realidad centroasiática. Es lo que yo llamo «La otra cara de la verdad…», que por supuesto constituye una opinión muy respetable, es una parte de la verdad en la dichos organismos centran su foco de atención, pero en ocasiones centrarse en un detalle muy concreto distorsiona la realidad completa y no nos transmite la realidad fielmente. Las ONGs que más nos acercan a la región son:- Freedomhouse (es más democrático Turkmenistán que Kazajstán) y RFE/RL (ideología de género).- Human Rights Watch (minorías nacionales).- Amnistía Internacional (denuncias de tortura).- Ayuda a la Iglesia Necesitada (libertad religiosa en Uzbekistán).- Open Dialog (caso Pavlov: Alexander Pavlov: Muratbek Ketebayev y Mukhtar Ablyazov).- UNDP, OSCE,…
Aunque se dice que estas ONGs sirven de early warning, es decir, ayudan a detectar a tiempo potenciales peligros que hagan desestabilizar una zona, o incluso pueden llegar a servir como instrumento para la prevención de conflictos, la verdad es que en ocasiones sirven como auténticos lobbies y los análisis que ofrecen de la región son poco fiables. El caso más claro es el citado de Pavlov o el de las ONGs de ideología de género. Caso distinto son los think tanks que sirven como foro para intercambio de opinión y como centro de pensamiento sobre los temas realmente importantes de la zona, siendo un ejemplo de esto el International Crisis Group.
4. Conclusiones.Como se ha podido ver los problemas internos de la región son muy variados y de diferente grado, aunque los retos más importantes para este mismo año son los que hemos señalado aquí: el yihadismo y la salida de la ISAF de Afganistán, la ambiciones rusas y chinas, la modernización de la economía y el estado de los procesos de democratización.
Hay que tener en cuenta, por supuesto, las críticas que se lanzan desde Europa contra los regímenes de la región, muchas veces sin ofrecerles alternativas o auténticas soluciones. Por ello se necesita un mínimo reconocimiento de su realidad desde su óptica. Por eso debemos ayudarles en sus amenazas de seguridad -que es la nuestra- y a mejorar la calidad de sus sistemas políticos, evitando recurrir a la retórica «democrática» Kirguistán igual a isla de la democraciaAl hilo de esto, ¿se podría admitir una OSCE a dos velocidades? ¿Sería posible una OSCE con países en los que se vive –supuestamente— la democracia de manera plena, y otros en los que aún falta mucho camino por recorrer en ese sentido?
Por último, creo que sería deseable ayudarles a romper la dependencia ruso-china, ofreciéndoles a cambio potenciar lazos políticos y económicos.
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    Acerca de Antonio Alonso Marcos

    Es profesor en la Universidad CEU San Pablo de Madrid y Doctor por la UCM. Sus líneas de investigación son Asia Central y el islamismo. También colabora frecuentemente con medios de comunicación (prensa escrita y online, radio y TV). Participó como observador electoral con la OSCE en 2012. 

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